MANUEL LACUNZA


De algunas cartas escritas por el, a familiares y amigos, se puede observar su visión sobre el pasado y el futuro del planeta, y sus deducciones sobre el tema a partir de su interpretación de la biblia.
 
 

 

Su interpretación de la causa del diluvio, y del futuro.

"Con la venida en gloria y majestad del Señor Jesús, destruidos enteramente los cielos y la tierra, que ahora son, comenzarán otros nuevos cielos y otra nueva tierra, donde habitará en adelante la justicia dice S. Pedro en su segunda Epístola, cap III); ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso quiere decir que los cielos y la tierra, o el mundo universo que ahora es, dejará entonces de ser, o sea aniquiliado, para dar lugar a la creación de otros cielos y de otra tierra? Mas en medio de esta concisión y aparente oscuridad, descubre fácilmente a quien quisiere mirarle todo entero y con la necesaria atención, su propio y natural sentido"

"Hasta el diluvio universal parece más que verosímil, que nuestro globo, con toda su atmósfera y todo lo que llamamos naturaleza, había perseverado en el mismo estado físico en que había salido de las manos del Criador. Mas, habiendo llegado esta época terrible, parece igualmente cierto que todo se alteró, tierra, mar y atmósfera, y todo quedó en esta alteración y desconcierto hasta el día de hoy. Se alteró la superficie de la tierra, ocupando las aguas desde entonces hasta la presente una gran parte de lo que antes era un continente unido. Se alteró también, y por la misma causa general toda la atmósfera de la tierra, pasando generalmente todos los climas o cielos diferentes, de la benignidad al rigor; de la templanza a la intemperie; de la uniformidad quieta y pacífica, a la inquietud y mudanza casi continua"

"Podemos creer y asegurar prudentísimamente, que las aguas inferiores se conservaron hasta el diluvio de Noé, sin mudanza alguna notable. El aspecto actual de esta superficie, y todos los descubrimientos de sus curiosos observadores, nos obligan a creer, sin poder racionalmente dudarlo, que las aguas del mar ocuparon esta que ahora es árida, o a lo menos una gran parte de ella, en otros tiempos muy anteriores; y éste no de paso sino establemente por muchos siglos. ¿Por qué? Porque en todo, o casi todo lo que ahora se llama árida o tierra habitable se hallan a cada paso despojos claros y palpables de los vivientes del mar, no solamente en la superficie de la tierra, o a poca distancia, sino hasta 60 y 80 pies, y tal vez más de profundidad; y esto no solamente en valles o tierras llanas, sino también en las colinas y montes secundarios, a los cuales se les da este nombre, porque parecen hechos después accidentalmente, por el movimiento y concurso violento y confuso de diversas materias"

"De este principio cierto e innegable, combinado con la historia sagrada, se sigue legítimamente, y se concluye evidentemente, que nuestro globo terráqueo no está ahora como estuvo en los primeros tiempos de su juventud. Por consiguiente, que ha sucedido en él en tiempos remotísimos, respecto de nosotros, algún accidente grande y extraordinario, o algún transtorno universal de todas sus cosas, que lo hizo mudar enteramente de semblante: que obligó a las aguas inferiores a mudar de sitio; que convirtió el mar en seca, y también la seca en mar: que hizo formarse nuevos mares, nuevos ríos, nuevos valles, nuevas colinas, nuevos montes: en suma, una nueva tierra. Este accidente no puede ser otro, por más que se fatiguen los filósofos, que el diluvio universal de Noé"

"La misma causa general que produjo en todo nuestro globo un nuevo mar y una nueva árida, mudó también necesariamente todo el aspecto del cielo: quiero decir, no solamente el antiguo orden y temperamento de nuestra atmósfera, sino el antiguo orden y disposición del sol, de la luna, y de todos los cuerpos celestes, respecto del globo terráqueo. ¿Qué causa fue ésta? A mí me parece que no fue algún encuentro casual de nuestro globo con algún cometa... la hizo mover repentinamente de un polo a otro: quiero decir, inclinó el eje de la tierra 23 grados y medio, haciéndolo mirar por una de sus extremidades hacia la estrella que ahora llamamos Polar, o hacia la extremidad de la cola de la "Ursa" (osa) menor"

"Con esta repentina inclinación del eje de la tierra se debieron seguir al punto dos consecuencias necesarias.

"Primera: que todo cuanto había en la superficie del globo, así líquido como sólido, perdiese su equilibrio: el cual perdido, todo quedase en sumo desorden y confusión, no menos horrible que universal: que todo se desordenase, todo se trastornase, todo se confundiese, cayendo todas las cosas unas sobre otras, y mezclándose todas entre sí"

"Segunda: que debió seguirse necesariamente de la inclinación del eje de la tierra fue, que el círculo o línea equinoccial, que hasta entonces había sido una misma con la elíptica, se dividiese en dos, y que esta última cortase a la primera en dos puntos diametralmente opuestos, que llamamos nodos: esto es, en el primer grado de Aries, y en el primero de Libra. De lo cual resultó que nuestro globo no mirase ya directamente al sol por su Ecuador, sino solamente dos días cada año, el 21 de marzo y el 22 de septiembre; presentando siempre en todos los demás días del año, nuevos puntos de su superficie al rayo directo del sol. ¿Y de aquí qué resultó? Resultaron necesariamente las cuatro estaciones, que llamamos primavera, verano, otoño, e invierno: las cuales, desde los días de Noé, hasta los del Señor, han sido, son y serán la ruina de la salud del hombre, y como un castigo, o pestilencia universal, que ha acortado nuestros días, y los han hecho penosísimos, y aun casi insufribles"

"¿Pues no había antes del diluvio estas cuatro estaciones? No, amigo, no las había, según yo pienso y según han pensado antes de mi algunos otros autores graves, religiosos y píos. Yo soy de parecer que antes del diluvio universal de Noé, no había estas cuatro estaciones del año, que en el presente son nuestra turbación y nuestra ruina; sino que nuestro globo gozaba siempre de un perpetuo equinoccio. En esta hipótesis, digo, todo me es fácil, y me parece que lo entiendo todo; así las observaciones de los naturalistas, como todo lo que leo en las Santas Escrituras"

"En esta hipótesis, lo primero: todos los climas, y aun todos los círculos paralelos al Ecuador, aunque diversos entre sí, debía cada uno ser siempre uniforme consigo mismos: lo mismo el mes de marzo, que en el de junio; y lo mismo en éste, que en septiembre y diciembre. Lo segundo: la atmósfera de la tierra, siendo en todas partes uniforme, debía en todas partes estar quieta, no cierto con aquella quietud que tiene el nombre inercia, o de inmovilidad, como está quieto un peñasco o un monte, sino con aquella especie de quietud natural y respectiva, que compete a un fluido cuando no es agitado violentamente por alguna causa externa que le obligue a perder su paz, su quietud, o lo que es lo mismo, su equilibrio; el cual equilibrio no impide, antes fomenta en todos los fluidos un movimiento interno, suave, pacífico y benéfico de todas sus partes. Lo tercero: en aquellos tiempos no había, ni podía haber huracanes o vientos violentísimos, no había ni podía haber naturalmente nubes horribles, densas, oscuras por el concurso y mezcla de diversos vapores y exhalaciones de toda especie: no había frotamiento violento de unas con otras por la contrariedad de los vientos: no se encendía con este frotamiento el fuego eléctrico: por consiguiente, no había aquellas lluvias gruesas y violentas, ni aquellas tempestades, ni aquellos truenos, ni aquellos rayos que ahora nos causan tanto pavor, y no solo pavor, sino daños y ruinas reales y verdaderas: así en los habitadores de la tierra, como en todas las obras de sus manos"

"De aquí resulta, y debía resultar naturalmente, sin milagro alguno que las constipaciones, las pestilencias, las enfermedades de toda especie, que ahora son sin número, eran entonces o pocas o ningunas: y que los hombres, y aun las bestias, vivían naturalmente diez o doce veces más de lo que ahora viven, muriendo de pura vejez, después de haber vivido sanos y robustos, unos 700, otros 800, y algunos más de 900 años, como consta de la historia sagrada"

"Conque los nuevos cielos y nueva tierra, o del mundo nuevo que esperamos después del presente, debe ser sin comparación mejor que el presente, y esto no solamente en lo moral, sino también en lo físico y material. En lo moral, porque en él habitará la justicia. También en lo físico y material, porque el mundo nuevo que esperamos, lo esperamos según las promesas de Dios"

"Esta gran mudanza que esperamos de nuestro mundo presente del mal en bien, me parece a mí, según mi sistema, que debe comenzar por donde comenzó en tiempo de Noé, de bien en mal. Quiero decir, por la restitución del eje de la tierra a aquel mismo sitio donde estaba antes del diluvio, o lo que es lo mismo, por la unión de la eclíptica con el Ecuador"

 

 

 

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