PAPA PIO XII

(1939-1958)

Eugenio Pacelli. Nació en Roma. Elegido el 2-III-1939, día de su cumpleaños (63 años) Murió el 9-X-1958. Luchó contra la persecución del marxismo. En la cripta debajo de la B. de San Pedro descubrió la tumba del Santo. Celebró el 24 Año santo (1950) y proclamó el Dogma de la Asunción de María.



Dejo las siguientes apreciaciones futuras
Las sociedades humanas evolucionan según un ritmo cíclico de tres tiempos: un tiempo fuerte, un tiempo débil, y después un tiempo intermedio, de duración variable, preparando el paso a una nueva etapa. Y así de nuevo.
 
El "rellano" 1986-1990 será uno de los períodos intermedios. Será de una excepcional importancia puesto que determinará los riesgos de conflictos planetarios hasta el año 2020.

Los dirigentes de este período, por sus actos o iniciativas, evitarán o harán posible un Apocalipsis durante los tres decenios que seguirán ya que, durante estos cuatro años, se presentarán a ellos las oportunidades de cambiar el curso de los acontecimientos futuros y de la historia. Y esto, es necesario que los príncipes que nos gobiernan lo sepan.
 
En el año 2007, los frutos, si se puede decir así, del escalón 1986-1990 estarán maduros, y la humanidad abordará un período agitado, peligroso, muy peligroso, dominado por la amenaza cataclísmica mundial.

Los terroristas intelectuales, de donde quiera que vengan, son tan mortales como los terroristas físicos; ellos no sirven, tanto unos como otros, más que a sórdidos intereses particulares, nunca al interés general.

Vendrá el tiempo de los crímenes legítimos, de los crímenes sin asesino, de los efectos sin causa.

No pudiendo elevarse, más que raramente, por encima de las pasiones, sensible como es a las presiones de la opinión y de los poderosos del momento, la justicia humana no puede ser más que imperfecta, incluso injusta multitud de veces.

Jesús ha venido a enseñarnos el perdón. No podríamos nosotros predicar otra ley.

Algunos, lúcidos pero parciales, seguidos de muchos más, borreguiles o mercenarios, olvidarán que la venganza atrae a la venganza, y prepararán sin remedio los males futuros.

La licencia en las costumbres llegará a su apogeo en los años 1980. Nuevas enfermedades venéreas, terribles, aparecerán.

El primer Apocalipsis será el fuego nuclear si la humanidad no toma cuidado.
 
El ordenador es una maravillosa máquina, con tal de que el hombre no se haga esclavo de el.

En materia de demografía, la historia se repite. Primero, por necesidad, los pueblos trabajan, crecen, prosperan; después, a partir de un cierto grado de comodidad, se dejan ir, regresan, disfrutan de las delicias de Capone.
El interés particular siendo entonces más importante que el interés general, mueren, fagocitados por pueblos menos avanzados, frustrados y afamados. La rapidez de su desaparición es proporcional a su densidad demográfica residual, a su riqueza, los pueblos se ablandan en función de su grado de fortuna.

La suerte de las razas blancas de Occidente se jugará a finales de este siglo, y esto se hará demográficamente. Estas razas no son sin duda superiores a las otras genéticamente, pero en razón del papel preeminente que ellas han tenido, desde hace casi cuatro milenios, en la evolución de las civilizaciones, su declive pesará mucho sobre el porvenir de la humanidad, y nuestros hombres políticos serán los responsables de ello si no han hecho nada a tiempo para corregir la caída de los nacimientos.

El libre albedrío es un don de Dios hecho al hombre para responsabilizarle y como precio de su inteligencia. De toda maneras, reconocemos que ese libre albedrío individual es limitado, canalizado y orientado por las dificultades inherentes a toda sociedad humana.

Una propaganda insidiosa, minando los valores más seguros y más sagrados de la humanidad, deshará las naciones.
 
Los procedimientos políticos son tales que las verdades y los valores más fundamentales cambian con los regímenes.
 
Con el átomo, el hombre juega al aprendiz de brujo. Arriesga su propio porvenir, ya que nunca tendrá el dominio perfecto de esta energía fundamental.
 
En revancha, él dominará la energía solar, por vía espacial, en el siglo XXI.

El hombre es una criatura social, ciertamente, pero disciplina y objetividad no son sus cualidades primeras

El hombre tiene derechos y deberes. El justo equilibrio entre unos y otros define y da la verdadera libertad.

Sobre el plano material, el alma se expresa por intermediación del cuerpo físico. De ahí la necesidad de un organismo en buena salud. El más dotado de los virtuosos no podrá nada si no dispone más que de un violín desafinado.
 
Un alma sana reclama un cuerpo sano, esto se sabe desde hace mucho. El respeto de la vida condiciona el porvenir de la humanidad, es evidente, y no podría haber una vida digna de este nombre sin ese cuidado. La tesis del "andrajo corporal" es una herejía pura y simple.

Una fracción de la juventud será corrompida por las facilidades mismas que se le dan con tanta amplitud en la educación llamada moderna.

El trabajo no es quizás lo propio del hombre, pero constituye, en todo caso, tras la oración, el elemento regenerador.
 
Nuestra vida terrestre es breve; no la derrochemos en acciones negativas o fútiles, ya que somos los contables de ella.
 
La iglesia vivirá tiempos difíciles, sufriendo los efectos nefastos del ambiente decadente de este fin de época, del aggiornamento que se anuncia, necesario, pero será mal comprendido.
El clero se empobrecerá en todos los planos y será confuso. Aprovechando el clima malsano y de estas incertidumbres, las sectas prosperarán. Pero esta grave involución morirá con el siglo.
El siglo XXI, a pesar de la presencia del primer Anticristo a pesar del debilitamiento de Occidente, tanto materialmente como moralmente, verá producirse una verdadera resurrección de la fe y de la Iglesia renovada. El materialismo cederá paso a lo espiritual. Los valores morales, tan denigrados, reencontrarán su lugar primero. La humanidad retomará entonces su marcha bien larga y dificultosa hacia la luz.
 
Es lícito y deseable incluso que la ciencia intente perforar los secretos de la Vida con vistas de mejorar la salud humana, pero que el biólogo se guarde de pretender sustituir al Creador para modificar ciegamente las leyes de la genética, las consecuencias serían espantosas.



Francia: Tras un período de diez años de prosperidad y de prestigio reencontrado, Francia, a la que amamos paternalmente, volverá a sus juegos políticos favoritos, a sus obsesiones destructivas. Una sucesión de gobiernos débiles, laxistas, demagogos, dejaran disgregarse el sentimiento nacional y los valores elementales. Una reacción brutal de las fuerzas vivas y populares de país pondrá fin a este debilitamiento querido por algunos, tolerada por otros. Para no decaer, Francia cambiará de régimen sin suavidad.
 
Estado Unidos: Este gran pueblo, fundamentalmente religioso a pesar de los excesos y desviaciones que conocemos, no tiene siempre los dirigentes que merece. Los lobies o grupos de presión gobiernan de hecho el país, teniendo al Presidente y las Asambleas bajo su mano, lo que explica además los errores demasiado frecuentes de la política extranjera de esta democracia primera, uno de los pilares del equilibrio mundial. Este papel primordial exigirá, para afirmarse, una doctrina distinta de la del dólar. El mercantilismo solo, y a largo plazo, no podrá regentar el mundo. Pero la nación americana reaccionará a tiempo, corregirá parcialmente sus conceptos político-económicos limitados, y los Estados Unidos abordarán finalmente el tercer milenio en condiciones favorables, confortados por sus avances espaciales -aunque seguidos de cerca por los Soviéticos en este ámbito, y a pesar de graves problemas raciales y financieros.
 
RUSIA: Nada notable se producirá en la U.R.S.S., antes del fin de la gerontocracia, es decir antes del comienzo del año 1985. Los relativamente jóvenes dirigentes de la nueva ola nutrirán verdaderamente de intenciones liberales; ellos pensarán incluso a dar una relativa libertad, un parcial derecho a disponer de ellos mismos (mediando una neutralidad estrictamente controlada y relaciones privilegiadas) a sus satélites, cuya órbita está forzosamente perturbada por la servidumbre al señor ruso.
Pero eso no serán, en un primer tiempo, más que veleidades, ya que el sistema soviético es tan frágil que corre el riesgo de derrumbe al menor signo de debilidad. Sin embargo, esta liberalización estará en marcha, la levadura de la libertad fermentará, y un alba nueva se elevará al Este. De nuevo al Este puesto que, a final de este siglo, la reunificación de las dos Alemanias estará en buen camino, siempre a condición de neutralidad, lo cual no quedará sin consecuencias para toda Europa.
El primer decenio del siglo XXI verá su comienzo, en la URSS con profundos cambios de estructura, encontrándose el imperio amenazado de fracturas por las presiones conjugadas de sus múltiples componentes. El comunismo doctrinal cederá desde ese momento, poco a poco, a un reformismo pragmático.
 
China: El pueblo chino no será nunca verdaderamente marxista. Tras veinte años de vacilaciones, de locura, China volverá progresivamente a su sabiduría milenaria. Su alianza con Japón, al final del siglo, cambiará verdaderamente la faz del mundo, cuyo polo económico y político basculará del Atlántico hacia el Pacífico, y marcará la preeminencia de las razas amarillas sobre las otras.

Africa: Lo mismo que América del Sur, Africa buscará durante mucho tiempo su equilibrio.
En un primer tiempo, la descolonización en marcha no le aportará ni la libertad, ni la prosperidad esperadas, sino por el contrario una regresión debida a regímenes inexpertos, a veces sanguinarios, teniendo como corolario una extensión de la hambruna y de la enfermedad. Los países desarrollados estarán bien inspirados al aportarles técnicas y saber hacer más que simples donativos o auxilios, salvadores en lo inmediato pero paralizadores finalmente. El mayor peligro que amenaza a este continente, es la explosión demográfica sin compensación alimentaria.

El Medio Oriente: Por el enfrentamiento arabe-israelí, el Medio Oriente conocerá el infierno. Masacres, destrucciones, sufrimientos sin nombre, tribulaciones de todo un pueblo. Este estado de guerra permanente incrementará por añadidura el despertar exacerbado de un islamismo contrario a los valores occidentales. Y la fuerza, a pesar de los sacrificios consentidos y las sumas colosales empleadas, no resolverá el problema.
Para salir del impasse, la única oportunidad, la única esperanza, antes de que ser demasiado tarde, serán las reales posibilidades de negociaciones que se presentarán durante los años 1986-1990 a los responsables de las dos partes en lucha, tan motivadas la una como la otra. Los combates cesaran a falta de combatientes por ambas partes...

El Islam: Despertado, fanatizado por el conflicto arabe-israelí, disponiendo de medios materiales considerables, de la potencia del Corán, de una demografía galopante, el islamismo retomará su expansión. Occidente, para preservar lo esencial de sus valores, así como su identidad, estará sometido a una dura prueba.
 
Italia: La penetración marxista, en Italia, no será más que superficial. Las bases muy sanas del pueblo italiano se mantendrán a pesar de la ola de criminalidad subversiva que culminará a lo largo de los años ochenta, y a pesar de la licencia de las costumbres. La política de este país permanecerá débil, estancada, pero vemos un buen fin de siglo para nuestros compatriotas.

España: España, país de fe profunda, cambiará de régimen pacíficamente por primera vez en su historia, pero deberá desconfiar de sus demonios extremistas. Su situación política será crítica, pero no desesperada, al comienzo del tercer milenio. De todas maneras, la monarquía perdurará.

Portugal: Tras un largo período de estabilidad, este país pobre, pero valiente y fiel a nuestras creencias, atravesará graves problemas políticos y días sombríos. La calma económica que tardará en producirse, no será obtenida más que al precio de nuevos cambios políticos, los cuales no intervendrán antes del fin de este siglo.
 
América del Sur: Un mosaico de pueblos queridos a nuestro corazón de cultura esencialmente latina. Pero también una caldera siempre bajo presión y lista a explotar. Buscará apasionadamente, a menudo desesperadamente y violentamente su equilibrio espiritual y económico. Este equilibrio, muy lento en manifestarse, no se encontrará antes del primer decenio del siglo XXI; será además caramente pagado en sufrimientos de todo tipo. Los EEUU tienen y tendrán una gran responsabilidad en asumir en esta evolución benéfica, ya que su propio porvenir depende de ello: los Estados Unidos cuidarán de ello.

Canada: La fe sólida de los Quebequeses, que los sostiene desde hace trescientos cincuenta años, no será agotada por la depresión religiosa de esta fin de siglo; sino que encontrará todo su vigor con el siglo XXI y reflorecerá sobre las orillas del Saint-Laurent.


Alemania: La Alemania (del Oeste) prosperará sobre el plano económico mientras duren los cuadros antiguos que forman su osamenta. Declinará a continuación rápidamente, a pesar de su reunificación, es decir a partir de los años 1995, para retomarse quince años más tarde. Este declive de final de siglo será la consecuencia de profundos desordenes y de las despoblación.

 

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