PROFECIAS DE ANNA. K. EMMERICK

Nació en 1774 y falleció en 1824

Nació en 1774 en Flamschen,  una humilde aldea de campesinos cercana a Coesfeld en la region de Westfalia en Alemania, fué la quinta de nueve hijos de una pobre pareja de granjeros, se hizo monja de la Orden Agustina en Dulmen; tuvo una vida de continuas enfermedades agravadas al quedarse inválida por un accidente. Tenía el uso de razón desde su nacimiento y podía entender latín litúrgico desde la primera vez que fue a Misa.

Durante los últimos 12 años de su vida, no comió ningún tipo de comida excepto la sagrada comunión, ni bebió ninguna bebida excepto agua, subsistiendo completamente por la Santa Eucaristía. Desde 1802 hasta su muerte, tuvo las heridas de la Corona de Espinas, y de 1812, todos los estigmas de Nuestro Señor, incluso una cruz encima de su corazón y la herida de la lanza. En los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1824, recibió las visiones de la vida de Cristo, de la Virgen María y de la vida después de la muerte, así como otras videncias de sucesos que acontecerían tiempo después como el Muro de Berlín, el Concilio Vaticano II, etc. Con sus visiones en la mano descubrió Reynolds los restos de la ciudad de Ur de Caldea, y la recién descubierta morada de la Virgen en Efeso resultó ser también tal como ella la había descrito. Del mismo modo se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusalén, que Ana vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepción de María, dogma que no sería proclamado por la Iglesia hasta treinta años después de la muerte de esta vidente. Ana Catalina Emmerich supo por Nuestro Señor que su regalo de visión del pasado, presente, y el futuro en visión mística era mayor que el poseído por nadie más en historia

Es sumamente extenso el material para su publicación completa, por lo que solo editamos una muestra a los fines ilustrativos. 

EL MISTERIO DE INIQUIDAD

"Vi diferentes partes de la tierra: mi guía me nombró Europa y, mostrándome un rincón arenoso, me dijo estas importantes palabras: - He aquí la Prusia enemiga. El me enseño a continuación un punto más al norte diciendo: - He aquí la Moscovia trayendo con ella muchos males." (AA.III.133)

"Los habitantes eran de un orgullo inusitado. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados. Todo era sombrío y amenazante"

LA CRISIS UNIVERSAL

Cuando llego a un país, veo lo mas a menudo en su capital, como en un punto central, el estado general de este país bajo forma de noche, de bruma, de frío; veo también de muy cerca las sedes principales de la perdición, yo comprendo todo y veo en escenas donde están los mayores peligros. De estos focos de corrupción, veo derrames y cenagales extenderse a través del país como canales envenenados y veo en medio de todo esto a gentes piadosas en oración, las iglesias donde reposa el Santo Sacramento, los cuerpos innumerables de santo y bienaventurados, todas las obras de virtud, de humildad, de fe, ejercer una acción que sofoca, que apacigua, que detiene el mal, que ayuda donde hace falta. A continuación tengo visiones donde los malvados como los buenos pasan ante mis ojos. (AA.II.408)

Veo planear sobre ciertos lugares y ciertas ciudades, apariciones espantosas que les amenazan con grandes peligros o incluso con una destrucción total. Veo tal lugar derrumbarse de alguna manera en la noche: en otro, veo la sangre correr a ríos en las batallas libradas en el aire, en las nubes. (AA.II.408)

Y esto peligros, estos castigos, no los veo como cosas aisladas, sino que los veo como consecuencias de lo que pasa en otros lugares donde el pecado estalla en violencias y en combates encarnizados, y veo el pecado devenir la vara que golpea a los culpables. (AA.II.409)

Atravesaba la viña (la diócesis) de Saint Ludger (Munich) donde encontré todo en sufrimiento como anteriormente y pase por la viña de saint Liboire (Paderborn) donde trabajé en ultimo lugar y que encontré en vias de mejora. Pase por el lugar (Praga) donde reposan san Juan Nepomuceno, san Wenceslao, Santa Ludmila y otros santos. Habían muchos santos, pero entre los vivos pocos sacerdotes piadosos y me parecía que las personas buenas y piadosas se mantenían escondidas ordinariamente. Iba siempre hacia el mediodía (tras esa subida hacia el nor-este) y pasaba delante de la gran ciudad (Viena) que domina una alta torre y alrededor de la cual hay muchas avenidas y barrios. Dejaba esta ciudad a la izquierda y atravesé una región de altas montañas (los Alpes austríacos) donde todavía había, por aquí y por allá, mucha gente piadosa, especialmente entre aquellos que vivían dispersos: después, yendo siempre hacia el mediodía, llegue a la villa marítima (Venecia) donde vi recientemente a San Ignacio y sus compañeros. Vi ahí también una gran corrupción: vi a San Marcos y otros santos. Iba por la viña de san Ambrosio (la diócesis de Milán). Me acuerdo de muchas visiones y de gracias obtenidas por la intercesión de san Ambrosio, sobre todo la acción ejercida por el sobre san Agustín. He aprendido muchas cosas sobre él y, entre otras, que había conocido a una persona que tenía, en un cierto grado, el don de reconocer las reliquias. Tuve visiones a propósito de ese asunto y creo que él ha hablado de ello en uno de sus escritos...

Llegue a la casa de san Pedro y san Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de confusión y de corrupción... vi en esta ciudad terribles amenazas viniendo del norte.

Partiendo de ahí, atravesé el agua (el Mediterráneo), tocando a las islas donde hay una mezcla de bien y de mal y encontré que los más aislados eran los más felices y los más luminosos: después fue a la patria de Francisco Javier (España), por que yo viajaba en la dirección del poniente. Vi allí numerosos santos y vi el país ocupado por soldados rojos. (AA.II.411)

Su jefe (el de España) estaba hacia el mediodía más allá del mar. Vi a este país (donde se encontraba el jefe) pasablemente tranquilo en comparación de la patria de san Ignacio en donde yo entré a continuación y vi en un estado espantoso. (AA.II.414)

Vi a las tinieblas extendidas por toda esta región sobre la cual reposaba un tesoro de méritos y de gracias provenientes de san Ignacio. Yo me encontraba en el punto central del país. Reconocí el lugar donde, mucho tiempo antes, yo había visto en una visión a inocentes arrojados en una hoguera. (AA.II.414)

Vi finalmente a los enemigos del interior avanzando por todos los lados y aquellos que atizaban el fuego arrojados ellos mismos a la hoguera. (AA.II.415)

Vi enormes abominaciones extenderse sobre el país. Mi guía me dijo: "Hoy Babel está aquí" Y vi por todo el país una larga cadena de sociedades secretas, con un trabajo como en Babel, y vi el encadenamiento de estas cosas, hasta la construcción de la torre, en un tejido, fino como una tela de araña, extendiéndose a través de todos los lugares y toda la historia: el producto supremo de esta floración era Semiramis, la mujer diabólica. (AA.II.415)

Vi destruir todo lo que era sagrado y la impiedad y la herejía hacer irrupción. (AA.II.415)

Había una amenaza de guerra civil próxima y de una crisis interior que iba a destruirlo todo. (AA.II.415)

Desde este desgraciado país (España) fui conducida por encima del mar, aproximadamente hacia el norte, en una isla donde estuvo san Patricio (Irlanda). No había más que católicos pero estaban muy oprimidos: tenían sin embargo relaciones con el Papa, pero en secreto. Había todavía mucho de bueno en este país porque las personas estaban unidas entre ellas. (AA.II.416)

De la isla de san Patricio llegue por encima de un brazo de mar (mar de Irlanda) a una gran isla. Estaba sombría, brumosa y fría.

Vi por aquí y por allá algunos grupos de piadosos sectarios (...) el resto estaba todo en una gran fermentación.

Casi todo el pueblo estaba dividido en dos partidos, y ellos estaban ocupados en intrigas tenebrosas y desagradables.

El partido más numeroso era el mas malo: el menos numeroso tenía los soldados a sus órdenes; no valía tampoco gran cosa, pero sin embargo valía más. Vi una gran confusión y una lucha que se aproximaba y vi el partido menos numeroso tomar el poder.

Había en todo esto abominables maniobras: había traiciones mutuas, todos se vigilaban los unos a los otros y cada uno parecía ser el espía de su vecino.

Encima de este país vi una gran cantidad de amigos de Dios pertenecientes a los tiempos pasados: ¡cuantos santos reyes, obispos, propagadores del cristianismo que habían venido de allí hacia Alemania a trabajar en nuestro beneficio!. Vi a santa Walburge, el rey Eduardo, Edgar y también santa Ursula.

Vi mucha miseria en el país frío y brumoso: vi la opulencia, vicios y numerosos navíos.

De allí, fui al levante, más allá del mar, a un territorio frío donde vi a santa Brigida (de Suecia), san Canut (rey de Dinamarca y patrón de ese país) y a san Eric (rey de Suecia). Este país estaba más tranquilo y más pobre que el precedente, pero era también frío, brumoso y sombrío. No se ya más que es lo que he visto y hecho allí. Todo el mundo era protestante. (AA.II.417)

Desde ese lugar fui a un inmenso territorio (Rusia) completamente tenebroso y lleno de maldad, de allí surgían grandes tormentas. Los habitantes eran de un orgullo inusitado. (AA.II.418)

Construían grandes iglesias y creían tener la razón de su parte. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados: todo era sombrío y amenazante. Vi ahí a san Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados deslumbrantes el Maligno que se mantenía en las agujas. (AA.II.418)

Mientras que todo esto surge como un desarrollo de los cuadros tenebrosos que veo en al tierra en estos países, veo los buenos gérmenes luminosos que hay en ellos, dar nacimiento a escenas situadas en una región más elevada. Veo por encima de cada país un mundo de luz que representa todo lo que se ha hecho por él por los santos, hijos de ese país, los tesoros de gracia de la Iglesia que ellos han hecho descender sobre él por los méritos de Jesucristo. Vi por encima de iglesias devastadas planear iglesias en la luz, vi a los obispos y los doctores, los mártires, los confesores, los videntes y todos los privilegiados de la gracia que han vivido allí: entro en las escenas donde figuran sus milagros y las gracias que ellos han recibido, y veo las visiones, las revelaciones, las apariciones más importantes que ellos han recibido: veo todas sus vidas y sus relaciones, la acción que han ejercido de cerca o de lejos, el encadenamiento de sus trabajos y los efectos producidos por ellos hasta las distancias más alejadas. Veo todo lo que ha sido hecho, como ha sido todo ello aniquilado; y como, con todo, la bendición permanece siempre sobre las vías que ellos han recorrido, como ellos permanecen siempre en unión con su patria y su rebaño por la intermediación de gentes piadosas que guardan su memoria y particularmente como su osamentas, allí donde reposan, son, por medio de una relación intima que las religa a ellos, fuentes de su caridad y de su intercesión.

Sin el socorro de Dios, no se podría contemplar tantas miseria y abominaciones hacia esta caridad y esta misericordia, sin morir por ello de dolor. (AA.II.409)

LA NATURALEZA HERIDA DE MUERTE

Vi la tierra como una superficie redonda que estaba cubierta de oscuridad y de tinieblas. (AA.II.158)

Todo se desecaba y parecía perecer. Vi esto con detalles innumerables en criaturas de toda especie, tales como los arboles, los arbustos, las plantas, las flores y los campos. Era como si el agua hubiera sido quitada de los arroyos, las fuentes, los ríos y los mares, o como si ella volviera a su origen, a las aguas que están por encima del firmamento y alrededor del paraíso. Atravesé la tierra desolada y vi los ríos como líneas delgadas, los mares como negros abismos donde no se veía más que algunos charcos de agua en el centro. Todo el resto era un fango espeso y turbio en el cual veía animales y peces enormes atrapados luchando contra la muerte. Iba lo suficientemente lejos para poder reconocer la orilla del mar donde yo había visto antes ahogar a san Clemente. Vi también lugares y hombres en la más triste estado de confusión y de perdición y vi, a medida que la tierra se volvía más desolada y más árida, las obras tenebrosas de hombres que las cruzaban. Vi muchas abominaciones con un gran detalle; reconocí Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior. (AA.III.158)

 

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CINCUENTA O SESENTA AÑOS ANTES DEL AÑO 2000

En medio del infierno había un abismo espantoso; Lucifer fue precipitado allí cargado de cadenas, una espesa humareda lo rodeaba por todas partes. Su destino era regulado por una ley que Dios mismo había dictado; vi que, cincuenta o sesenta años, si no me equivoco entes del año 2000, Lucifer debía salir durante algún tiempo del abismo.

Vi muchos otros datos que he olvidado, otros demonios debían también ser puestos en libertad en una época más o menos alejada, con el fin de tentar a los hombre y de servir de instrumentos a la justicia divina. Muchos de estos demonios deben salir del abismo en esta época y otros de aquí a poco tiempo. (DD.452)

Vi que los apóstoles fueron enviados a la mayor parte de la tierra para abatir por todas partes el poder de Satán y para aportar bendiciones, y que las regiones donde operan eran las que habían sido más fuertemente envenenadas por el enemigo.

Si estos países no han perseverado en la fe cristiana y están ahora dejados al abandono, eso ha sido, como lo he visto, por una sabia disposición de la Providencia. Ellos debían ser solamente bendecidos para el porvenir y ellos permanecen baldíos con el fin de que sembrados de nuevo, lleven frutos abundantes cuando los demás se hayan quedado sin cultura. (AA.II.340)

Cuando Jesús descendió sobre la tierra y que fue la tierra regada con su sangre, la potencia infernal disminuyó considerablemente , y sus manifestaciones se hicieron más tímidas. (BV.56)

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA

Entonces vi reconstruir la Iglesia muy rápidamente y con más magnificencia que nunca. (AA.III.114)

Vi una mujer llena de majestad avanzar en la gran plaza que está ante la Iglesia. Ella mantenía su amplio manto sobre los dos brazos y se elevaba suavemente en el aire. Se poso sobre el domo y extendió sobre toda la extensión de la Iglesia su manto que parecía irradiar oro. Los demoledores se habían tomado un momento de reposo, pero, cuando quisieron volver al trabajo, les fue absolutamente imposible acercarse al espacio cubierto por el manto. (AA.II.204)

Después vi, a lo lejos, acercarse grandes cortes, ordenadas en círculo alrededor de la iglesia, unas sobre la tierra, otras en el cielo. La primera se componía de hombres y mujeres jóvenes, la segunda de personas casadas de toda condición entre los cuales reyes y reinas, la tercera de religiosos, la cuarta de gentes de guerra. Ante ellos vi a un hombre montado sobre un caballo blanco. La última tropa estaba compuesta de burgueses y de paisanos de los cuales muchos estaban marcados en la frente con una cruz roja. (AA.III.113)

Vi la iglesia de San Pedro: estaba desnuda, con excepción del coro y del altar mayor. Después vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos que rehicieron los muros de piedra. (AA.III.118)

Mientras se acercaban, cautivos y oprimidos fueron liberados y se unieron a ellos. (AA.III.114)

Todos los demoledores y los conjurados fueron expulsados de todas partes y fueron, sin saber como, reunidos en una única masa confusa y cubierta de una bruma. Ellos no sabía ni lo que habían hecho, ni lo que debían hacer, y corrían, dándose cabezazos unos contra otros. Cuando fueron todos reunidos en una sola masa, los vi abandonar su trabajo de demolición de la iglesia y perderse en los diversos grupos. (AA.III.114)

Entonces vi rehacer la Iglesia muy rápidamente y con más magnificencia que nunca: porque las personas de todas las cohortes se hacían pasar las piedras de un extremo del mundo al otro. Cuando los grupos más alejados se acercaban, el que estaba más cerca del centro se retiraba tras los otros. Era como si ellos representasen diversos trabajos de la oración y el grupo de soldados las obras de la guerra. Vi en este a amigos y enemigos pertenecientes a todas las naciones. Eran simplemente gentes de guerra como los nuestros (como los soldados de su tiempo) y vestidos igual (con uniformes).

El círculo que formaban no estaba cerrado, pero había hacia el norte un gran intervalo vacío y sombrío: era como un agujero, como un precipicio. Tuve el sentimiento de que había allí una tierra cubierta de tinieblas. (AA.III.114)

Vi también a una parte de este grupo permanecer atrás: no querían ir hacia delante y todos tenían un aspecto sombrío y permanecían juntos unos contra otros. En todos estos grupos, vi muchas personas que debían sufrir el martirio por Jesús: había todavía ahí muchos malvados y otra separación tendría que suceder más adelante...

Sin embargo vi a la iglesia completamente restaurada; por encima de ella, sobre una montaña, el Cordero de Dios rodeado de un grupo de vírgenes con palmas en las manos, y también los cinco círculos formados por las cohortes celestiales correspondientes a aquellos de aquí abajo que pertenecen a la tierra. (AA.III.113-115)

LA GUERRA ESPIRITUAL

Vi grandes tropas viviendo de varios países dirigirse hacia un punto y combates que se libraban por todas partes. Vi en medio de ellos una gran mancha negra, como un enorme agujero; aquellos que combatían alrededor eran cada vez menos numerosos, como si muchos cayeran sin que se dieran cuenta.

Durante ese tiempo, vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres (los apóstoles de los últimos tiempos) de los que ya he hablado, dispersados en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva (que mana de la Montaña de los Profetas). Vi que todos hacían el mismo trabajo en diversos lados; que ellos no sabían de donde se les había pedido hacerlo y que cuando una cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Eran siempre doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años... vi que todos recibían de Dios lo que se había perdido y que operaban el bien por todos lados; eran todos católicos. Vi también, en los tenebrosos destructores, falsos profetas y gentes que trabajaban contra los escritos de los doce nuevos apóstoles.

Como las fuerzas de los que combatían alrededor del abismo tenebroso se iban debilitando cada vez más, y como durante el combate toda una ciudad había desaparecido, los doce hombres apostólicos ganaban sin cesar un gran número de adherentes, y de la otra ciudad (Roma) partía como un cono luminoso que entraba en el círculo sombrío. (AA.III.159)

LAS DOS CIUDADES

Vi en dos esferas opuestas, al imperio de Satán y al imperio del Salvador. Vi la ciudad de Satán y una mujer, la prostituta de Babilonia, con sus profetas y sus profetisas, sus taumaturgos y sus apóstoles. Ahí todo era rico, brillante, magnifico, comparado con el imperio del Salvador. Vi allí a reyes, emperadores, sacerdotes magníficamente vestidos y subidos en carrozas; Satán tenía un trono magnífico.

El mismo tiempo vi el imperio del Salvador, pobre y a penas visible sobre la tierra, sumergido en el luto y la desolación. La Iglesia me fue presentada a la vez bajo los rasgos de la Virgen y bajo los del Salvador en la cruz, cuyo costado entreabierto parecía indicar al pecador el asilo de la gracia. (BB.IV.168)

EL PAPA FUTURO

Le vi a la vez suave y severo. Sabía atraerse a los buenos sacerdotes y rechazar lejos de él a los malos. Vi todo renovarse y una iglesia que se elevaba hasta el cielo. (AA.III.103)

Vi un nuevo Papa muy firme (AA.III.161)

Hubo en la iglesia espiritual una fiesta de acción de gracias; había allí una gloria espléndida, un trono magníficamente adornado. San Pablo, San Agustín y otros santos convertidos figuraban allí de una manera muy especial. Era una fiesta en la que la Iglesia triunfante daba gracias a Dios de una gran gracia que no debe llegar a su madurez más que en el futuro. Era algo como una consagración futura. Esto tenía relación con el cambio moral operado en un hombre de condición esbelta y bastante joven, el cual debe un día llegar a ser Papa.

He visto también en esta visión muchos cristianos entrar en la Iglesia. Entraban a través de los muros de la iglesia. (AA.III.177)

Vi que este Papa debe ser severo y que él alejará de si a todos los obispos tibios y fríos. Pero mucho tiempo debe todavía pasar hasta que esto ocurra.(AA.III.177)

Vi a este futuro Papa en la iglesia rodeado de otros hombres piadosos: estaba relacionado con ese viejo sacerdote que vi morir en Roma, hace algunos días.

El joven estaba ya en las ordenes y parecía que recibiera hoy (27 de enero de 1822) una dignidad. No es Romano, sino Italiano, de un lugar que no está muy alejado de Roma, y pertenece, creo, a una piadosa familia principesca. (Se trataba del futuro Papa Pío IX) (AA.III.178)

LA VUELTA A LA UNIDAD CRISTIANA

El Papa no estaba en la Iglesia. Estaba oculto. (AA.II.493)

Creo que aquellos que estaban en la iglesia no sabían donde estaba. No se si él rezaba o estaba muerto. Pero vi que todos los asistentes, sacerdotes y laicos, debían poner la mano sobre un cierto pasaje del libro de los Evangelios y que sobre muchos de ellos descendía, como un signo particular, una luz que era transmitida por los santos apóstoles y los santos obispos. Vi también que varios de ellos no hacían esto más que por la forma. (AA.II.493)

Vi muchos antiguos dignatarios eclesiásticos que, habiéndose puesto al servicio de los malos obispos, habían dejado en el olvido los intereses de la Iglesia, arrastrarse en muletas, como cojos y paralíticos; fueron llevados por dos conductores y recibieron su perdón. (AA.II.492)

Fuera, alrededor de la iglesia, vi llegar muchos judíos que querían entrar, pero que no lo podían hacer todavía. (AA.II.493)

Al final, aquellos que no habían entrado al comienzo llegaron, formando una multitud innumerable: pero vi entonces el libro cerrarse de golpe, como bajo el impulso de un poder sobrenatural.

Al fondo en lontananza, vi un sangriento y terrible combate y vi especialmente una inmensa batalla del lado norte y por el poniente.

Fue una gran visión muy impactante. Siento mucho haber olvidado el lugar del libro sobre el cual se debía poner el dedo. (AA.II.493)

Conocí, por una visión, que hacia el fin del mundo, una batalla será librada contra el Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234)

EL TIEMPO DE PAZ

Ese día Ana Catalina tuvo una larga conversación con dos de sus visitantes celestes, san Francisco de Sales y San Francisco de Chantal:

Ellos decían que la época actual era muy triste, pero que tras muchas tribulaciones, vendría un tiempo de paz en el que la religión retomaría su imperio y en el que habría entre los hombres mucha cordialidad y caridad, y que entonces muchos conventos reflorecerían en el verdadero sentido de la palabra. Vi también una imagen de este tiempo lejano que no puedo describir, pero vi sobre toda la tierra retirarse la noche y el amor extender una nueva vida. Tuve en esta ocasión visiones de toda especie sobre el renacimiento de las ordenes religiosas. (AA.II.440)

El tiempo del Anticristo, no está tan próximo como algunos piensan. Habrá todavía precursores. He visto en dos ciudades a doctores, de la escuela de los cuales podrían salir estos precursores. (AA.II.441).

        

 

 

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